sábado, 24 de enero de 2009
Una niña perversa
Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer "gluglú" con la boca, pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las siete, casi la hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó. Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera ocasión.
Por lo demás, si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy bien que a mamá la horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: "Elena me ha hecho esto", mamá le ha dado una terrible palmada y le ha dicho: "¡No vuelvas a hacer una cosa así!" Y cuando llegó papá, ella se lo ha contado, y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre. Por eso comprendió. Y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada. Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres veces, pero ella ha puesto cara de no oirme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?
Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él. Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro. Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.
Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí. Puedo jugar junto a la fuente lo que yo quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo. Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y me ha dicho que era porque mamá no quiere oir hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá, y que le había dicho: "No quiero oír hablar nunca más de ella."
Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso, yo estaba tan furiosa, a pesar de la palamada que él había recibido, que fui a su recámara y le dije que lo mataría.
Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se rió y me hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.
Ahora duerme, y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín y yo la tomé.
Cuento de Jehanne Jean-Charles
5 incógnitas PARA la combi
Bueno después de esta larga disculpa (que a nadie importa) hablaré de algo que la ciencia, la astronomía (y la astrología), la economía, la zapatería y ni siquiera Locomía han podido descifrar (no estoy hablando de la existencia de Don Isaac Humala, o la reelección de Alan), sino del ¿por qué coño (perdón) los viajes en combi son como son? Primeramente (ya expliqué el uso peruano de esta palabra) definiré que es una combi:
Combi: (del latín Combius) Sistema de transporte propio de países sub-desarrollados, el cual tiene derechos universales y poderes ilimitados como: pasarse en rojo, botar basura, contaminar (mucho más allá de lo permitido y más allá de lo evidente, como decía Leono), parar donde sea (1er, 2do, 3er, 4to carril, vías férreas, comisaría (ahí paran todo el tiempo. Así es, es un paréntesis dentro de otro paréntesis), hospitales, morgues (ahí descargan a veces); etc.) Matar (como 007), coimear, insultar, y por último manejar sin brevete (el conductor, obvio, no va a ser la combi).
Después de esta definición de la RAJP (Real Academia de la Jerga Peruana), haremos una analogía acerca de las combis antes de pasar al 5 PARA correspondiente. El viajar en combi, es todo un deleite, el poder observar la vista urbana, así como rural, es todo una experiencia, esto claro a bordo de una poderosísima nave hecha de autopartes de diferentes marcas (la gran mayoría hechizas), con el óxido por todo el techo y los contornos, el cable del claxon descubierto y atado a la palanca de cambios (la cual tiene la figura del Sagrado Corazón, o un cráneo, o el símbolo zodiacal de escorpio (parece que casi todos los combiseros nacieron entre el 23 de octubre y el 21 de noviembre)) (ese doble paréntesis, acá otro más) (lo vieron?). Los clásicos stickers con recomendaciones como: “pague con sencillo”, “si salió tarde no es culpa del chofer” (esa no recomendación, sino conchudés), “indique una cuadra antes del paradero”, y una de mis favoritas: “Use el cinturón de seguridad: cuide su vida (3era persona) y evita multas (2da persona)”. La gran mayoría de los stickers antes nombrados están ilustrados con imágenes de Condorito, Bugs Bunny agarrándose la entrepierna y mostrándonos el dedo del medio, o un niño orinando. Al margen de estas enriquecedoras imágenes, tenemos también mensajes hacia el resto como: “Guíame Señor de Muruhuay”, “En memoria de mi madre Hermelinda, o mi padre Atanasio”, “Mi pequeño Yon” (por la mamá Hermelinda que así estaba escrito cuando lo vi), “Mírame pero no te enamores”, “Tu envidia es mi progreso”, “Quítame la vida mas no la bebida”, “Lo que me desees que Dios te lo duplique”; etc. Fuera de esas emblemáticas representaciones de originalidad y cultura (lo último en realidad no es sarcasmo ya que la cultura “Chicha” si existe), podemos encontrar una suerte de cábalas como el primer zapato del hijo o hija del conducto atado en el parachoques delantero o debajo del tablero (lleno de espacios donde deberían ubicarse la radio, el aire acondicionado, la calefacción, el cenicero, el tacómetro; etc.), una rama de Ruda, un rosario, un escapulario, un CD con la imagen de el Señor de los Temblores o de Muruhuay, una imagen de Sarita Colonia, o la oración del chofer (que dice que Jesús es el copiloto, pero el diablo debe ser el mecánico porque la porquería se cae a pedazos).
Por último ningún medio de transporte existiría sin un ser humano (o infrahumano) que lo conduzca (chofer o “fercho” hablando rico) y sin un tesorero y recaudador de derecho de abordaje (o sea un cobrador que dice “pasae- pasae”). Ambas criaturas han sido creadas con virtudes excepcionales como: el cálculo de espacios pequeños (si no los hay los crean), la rápida transacción en el pago de multas (humano común: de 2 a 3 días, combicero: de 2 a 3 minutos, gracias a la multa automática o coim@), un idioma propio de la RAJP (la definición está arriba, busca pues!) y sobre todo un exquisito repertorio de galanterías (piropos) como: “abusiiiiiiiiiva”, “flaquita con ese culo debes cagar bombones”, “mi amor dime quien es tu ginecólogo pa chuparle los dedos”; etc. (Perdón por la vulgaridad pero copié los piropos tal como los oí). Y por último de vez en cuando se puede apreciar a los dateros (función aún no identificada) que son maestros de la RAJP, y uno que otro ambulantes que te dice “mire señor-señora”, “cuanto le vale, cuanto le cuesta”, “ya pe varón no sea rata” o “mi hermano o perro o gato o papá o mamá o abuela o lagarto o hijo está enfermo”.
Ya terminada esta enorme econo-socio-físico-antro-extra-oso de felpa-científica definición, procederé a hacer las 5 incógnitas PARA la combi.
Las “5PARA” de hoy son:
1- ) Si las combis no existiesen, ¿empezarían a servir de algo los pasos de cebra, los semáforos, los policías de tránsito urbano y las leyes de tránsito?
2- ) Si Dios puso la combi, entonces ¿el diablo puso al chofer?
3- ) Si partes por la mitad a un chofer de combi ¿aparecen dos iguales? (cual mitosis)
4- ) Si el boletero se llama así entonces ¿por qué pide pasajes envés de boletos?, debería llamarse pasajero, y el pasajero debería llamarse “Poseedor Único y Temporal Identificado de Tarifas Operativas” (o como sus siglas en castellano señalan: PUTITO) (a ver PUTITO pasae- pasae)
Y por último…
5- ) Si no existiesen las combis ¿desaparecería el reggaetón (o reguetón) de nuestra sociedad?
La cultura Chicha es una mezcla entre la cultura costeña y, por lo general, la cultura andina, y la máxima representación de dicha fusión es la “Combi”, no solo por su aspecto, sino porque todos hemos viajado en una (y muchos lo hacemos a diario) y como todos en Perú estamos en el mismo fango, pues yo digo que “todos en Perú viajamos en la misma combi” (unos sentados, otros parados unos atrás otros adelante, pero todos en el mismo carro) (pasae-pasae PUTITOs, jajajajaja)
La guerra y la vida
Por Wilson Moreno R.
En un valle muy lejano viven Tonto y Tonta, viven juntos y en medio de una guerra. A Tonto le gusta soñar que es el general más influyente de aquella guerra; mientras que a Tonta, le gusta recoger los encargos del tambo, y ver como Tonto alardea de ser quien no es.
Tonto sale cada día, a las cinco de la mañana, vestido de uniforme. Se va a la plaza mayor e incita a la batalla. Habla de derechos y de izquierdos, de revolución y evolución. A menudo convence a algunos incautos, a quienes envía con estrictas órdenes al cuartel; pero, cuando llegan presurosos al cuartel, estos nobles e incautos reclutas encuentran al verdadero general, quien les da nuevas órdenes, mucho más importantes, olvidando así las de Tonto, que las dejan polveándose en los tambos que abastecen a los bunkers.
Tonta, que no hace honor a su nombre, se queda todo el día en el bunker en el que vive, muy lejos de la plaza. Ahí siempre espera cada tarde, cortando flores o leyendo un libro, a su cobarde y falso general, que siempre vuelve agitado y asustado, pues es perseguido por un populacho amedrentador.
Discurso Incoherente (O pensamientos de baño)
Cita:
“No sabes como es eso Marge, yo soy el que va todos los días ahí a romperse el alma y no estoy fuera de lugar, tú estas fuera de lugar. ¡Todo el maldito sistema esta fuera de lugar! ¿Quieres la verdad? ¡¿Quieres la verdad?! ¡Tú no puedes manejar la verdad! porque cuando se levanta la mano para tocar la cara de lo que fue tu mejor amigo y es un montón de basura, uno no sabe que hacer. Olvidalo Marge, ¡esto es el Barrio Chino!”
- Homero Simpson
A veces nos preguntamos si la realidad es tal y como la percibimos, si debemos hacerle caso a lo que traman nuestros (cada vez más defectuosos) sentidos. Porque habemos algunos a quienes nos parece que algo no encaja cuando vemos casas del mismo color, gente con la misma ropa, las mismas caras y la misma expresión. Simplemente está mal. Hay algo raro en eso que observamos mientras caminamos por las calles en busca de una respuesta. Probablemente sea nuestra imaginación jugándonos una mala pasada, pero hasta cierto punto uno ya no sabe distinguir entre las ilusiones de la mente y un presentimiento certero. Pasado un tiempo nos vamos sumergiendo en esos escenarios a los que nos acostumbraron apenas nacimos. Escenarios que suponen un buen puesto para quienes logran tragarse todo como se lo dan sin pensar siquiera en la inverosimilitud de sus casos. Nos vamos durmiendo cada vez más profundamente.
Tenemos televisores LCD (no LSD) de pantalla plana para cubrirnos los ojos, ipods o celulares con radio incorporada taponándonos los oídos, muchas subculturas de las cuales hablar mal (como si nos interesara entenderlas) para tener la boca alejada de las protestas reales y por si esto no fuera poco, contamos con un sinfín de ideologías dispuestas a sedarnos el cerebro siempre y cuando nos dejemos ¿o no? Al fin de cuentas somos productos de la sociedad en la que vivimos. Desde el más materialista o el que esté mas sumergido en esta ilusión hasta el más espiritual o aquel que lleva la palabra “revolucionario” en el pecho. Todo lo que hacemos y pensamos (y lo que no, también) es el producto intermedio de lo que la sociedad nos envía desde nos introducen, sin aviso, en ella; hablo de las normas que nos enseñan, las leyes que nos imponen y los cánones estéticos que nos etiquetan.
Y cuando alguien se da cuenta de todo eso, la impresión es tal que termina quebrando su pensamiento. Elegimos creernos “normales” (de “norma”, regla) y despreciar a aquellos cuyas mentes se debilitaron de tanto pensar; aunque por hechos históricos, algunos “dementes” (del latín “de” – alejado, y “mens” – mente) en su época fueron considerados genios por generaciones posteriores. Quizá por eso preferimos ignorar lo que pasa sin mirar más allá de nuestra nariz o sin vivir más allá de nuestra puerta donde el mundo se cae a pedazos.
Cuando la ira...
Canta tu canción favorita cuando estés molesto, pero sin intentar sonreír ni sentirte feliz. Cierra fuerte la mandíbula, que tus dientes se destrocen entre sí. Aprieta los puños, golpea la puerta o la pared de tu cuarto. Disfruta ese dolor mientras maldices. Frunce cruelmente tu ceño, arrúgate toditito. Maldice al cantante, ódialo con todo el corazón. Ódialo por nacer, ódialo por crecer y por haber escrito esa canción. Si tienes un póster o foto de él, escúpele en la cara.
Avisar antes
Niña muere asesinada en mitad de una trifulca, en mitad de un amorío, niña muere asesinada en mitad de una mitad de tiempo, en mitad de ojos, en mitad de bocas, en mitad de locos, en la mitad de la niña encontraron dos orificios de bala, la niña murió instantaneamente.
La niña está ahora en su casa y feliz, no imagina qué va a pasar cuando salga de casa al colegio, pobre niña, alguien debe avisarle.
domingo, 18 de enero de 2009
Llamada
El télefono de la casa sonó incansablemente. Yo no podía contestarlo porque, en ese momento, hacía una llamada desde mi celular. ¡Ring! ¡Ring! - odio el ruido de los teléfonos -. Yo no contesté y mi llamada tampoco fue contestada. ¡Es tan díficil, en algunos casos, hablar con uno mismo!
jueves, 18 de diciembre de 2008
El cuentista
Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña aún más pequeña y un niño también pequeño. Una tía, que pertenecía a los niños, ocupaba un asiento de la esquina; el otro asiento de la esquina, del lado opuesto, estaba ocupado por un hombre soltero que era un extraño ante aquella fiesta, pero las niñas pequeñas y el niño pequeño ocupaban, enfáticamente, el compartimiento. Tanto la tía como los niños conversaban de manera limitada pero persistente, recordando las atenciones de una mosca que se niega a ser rechazada. La mayoría de los comentarios de la tía empezaban por «No», y casi todos los de los niños por «¿Por qué?». El hombre soltero no decía nada en voz alta.
-No, Cyril, no -exclamó la tía cuando el niño empezó a golpear los cojines del asiento, provocando una nube de polvo con cada golpe-. Ven a mirar por la ventanilla -añadió.
El niño se desplazó hacia la ventilla con desgana.
-¿Por qué sacan a esas ovejas fuera de ese campo? -preguntó.
-Supongo que las llevan a otro campo en el que hay más hierba -respondió la tía débilmente.
-Pero en ese campo hay montones de hierba -protestó el niño-; no hay otra cosa que no sea hierba. Tía, en ese campo hay montones de hierba.
-Quizá la hierba de otro campo es mejor -sugirió la tía neciamente.
-¿Por qué es mejor? -fue la inevitable y rápida pregunta.
-¡Oh, mira esas vacas! -exclamó la tía.
Casi todos los campos por los que pasaba la línea de tren tenían vacas o toros, pero ella lo dijo como si estuviera llamando la atención ante una novedad.
-¿Por qué es mejor la hierba del otro campo? -persistió Cyril.
El ceño fruncido del soltero se iba acentuando hasta estar ceñudo. La tía decidió, mentalmente, que era un hombre duro y hostil. Ella era incapaz por completo de tomar una decisión satisfactoria sobre la hierba del otro campo.
La niña más pequeña creó una forma de distracción al empezar a recitar «De camino hacia Mandalay». Sólo sabía la primera línea, pero utilizó al máximo su limitado conocimiento. Repetía la línea una y otra vez con una voz soñadora, pero decidida y muy audible; al soltero le pareció como si alguien hubiera hecho una apuesta con ella a que no era capaz de repetir la línea en voz alta dos mil veces seguidas y sin detenerse. Quienquiera que fuera que hubiera hecho la apuesta, probablemente la perdería.
-Acérquense aquí y escuchen mi historia -dijo la tía cuando el soltero la había mirado dos veces a ella y una al timbre de alarma.
Los niños se desplazaron apáticamente hacia el final del compartimiento donde estaba la tía. Evidentemente, su reputación como contadora de historias no ocupaba una alta posición, según la estimación de los niños.
Con voz baja y confidencial, interrumpida a intervalos frecuentes por preguntas malhumoradas y en voz alta de los oyentes, comenzó una historia poco animada y con una deplorable carencia de interés sobre una niña que era buena, que se hacía amiga de todos a causa de su bondad y que, al final, fue salvada de un toro enloquecido por numerosos rescatadores que admiraban su carácter moral.
-¿No la habrían salvado si no hubiera sido buena? -preguntó la mayor de las niñas.
Esa era exactamente la pregunta que había querido hacer el soltero.
-Bueno, sí -admitió la tía sin convicción-. Pero no creo que la hubieran socorrido muy deprisa si ella no les hubiera gustado mucho.
-Es la historia más tonta que he oído nunca -dijo la mayor de las niñas con una inmensa convicción.
-Después de la segunda parte no he escuchado, era demasiado tonta -dijo Cyril.
La niña más pequeña no hizo ningún comentario, pero hacía rato que había vuelto a comenzar a murmurar la repetición de su verso favorito.
-No parece que tenga éxito como contadora de historias -dijo de repente el soltero desde su esquina.
La tía se ofendió como defensa instantánea ante aquel ataque inesperado.
-Es muy difícil contar historias que los niños puedan entender y apreciar -dijo fríamente.
-No estoy de acuerdo con usted -dijo el soltero.
-Quizá le gustaría a usted explicarles una historia -contestó la tía.
-Cuéntenos un cuento -pidió la mayor de las niñas.
-Érase una vez -comenzó el soltero- una niña pequeña llamada Berta que era extremadamente buena.
El interés suscitado en los niños momentáneamente comenzó a vacilar en seguida; todas las historias se parecían terriblemente, no importaba quién las explicara.
-Hacía todo lo que le mandaban, siempre decía la verdad, mantenía la ropa limpia, comía budín de leche como si fuera tarta de mermelada, aprendía sus lecciones perfectamente y tenía buenos modales.
-¿Era bonita? -preguntó la mayor de las niñas.
-No tanto como cualquiera de ustedes -respondió el soltero-, pero era terriblemente buena.
Se produjo una ola de reacción en favor de la historia; la palabra terrible unida a bondad fue una novedad que la favorecía. Parecía introducir un círculo de verdad que faltaba en los cuentos sobre la vida infantil que narraba la tía.
-Era tan buena -continuó el soltero- que ganó varias medallas por su bondad, que siempre llevaba puestas en su vestido. Tenía una medalla por obediencia, otra por puntualidad y una tercera por buen comportamiento. Eran medallas grandes de metal y chocaban las unas con las otras cuando caminaba. Ningún otro niño de la ciudad en la que vivía tenía esas tres medallas, así que todos sabían que debía de ser una niña extraordinariamente buena.
-Terriblemente buena -citó Cyril.
-Todos hablaban de su bondad y el príncipe de aquel país se enteró de aquello y dijo que, ya que era tan buena, debería tener permiso para pasear, una vez a la semana, por su parque, que estaba justo afuera de la ciudad. Era un parque muy bonito y nunca se había permitido la entrada a niños, por eso fue un gran honor para Berta tener permiso para poder entrar.
-¿Había alguna oveja en el parque? -preguntó Cyril.
-No -dijo el soltero-, no había ovejas.
-¿Por qué no había ovejas? -llegó la inevitable pregunta que surgió de la respuesta anterior.
La tía se permitió una sonrisa que casi podría haber sido descrita como una mueca.
-En el parque no había ovejas -dijo el soltero- porque, una vez, la madre del príncipe tuvo un sueño en el que su hijo era asesinado tanto por una oveja como por un reloj de pared que le caía encima. Por esa razón, el príncipe no tenía ovejas en el parque ni relojes de pared en su palacio.
La tía contuvo un grito de admiración.
-¿El príncipe fue asesinado por una oveja o por un reloj? -preguntó Cyril.
-Todavía está vivo, así que no podemos decir si el sueño se hará realidad -dijo el soltero despreocupadamente-. De todos modos, aunque no había ovejas en el parque, sí había muchos cerditos corriendo por todas partes.
-¿De qué color eran?
-Negros con la cara blanca, blancos con manchas negras, totalmente negros, grises con manchas blancas y algunos eran totalmente blancos.
El contador de historias se detuvo para que los niños crearan en su imaginación una idea completa de los tesoros del parque; después prosiguió:
-Berta sintió mucho que no hubiera flores en el parque. Había prometido a sus tías, con lágrimas en los ojos, que no arrancaría ninguna de las flores del príncipe y tenía intención de mantener su promesa por lo que, naturalmente, se sintió tonta al ver que no había flores para coger.
-¿Por qué no había flores?
-Porque los cerdos se las habían comido todas -contestó el soltero rápidamente-. Los jardineros le habían dicho al príncipe que no podía tener cerdos y flores, así que decidió tener cerdos y no tener flores.
Hubo un murmullo de aprobación por la excelente decisión del príncipe; mucha gente habría decidido lo contrario.
-En el parque había muchas otras cosas deliciosas. Había estanques con peces dorados, azules y verdes, y árboles con hermosos loros que decían cosas inteligentes sin previo aviso, y colibríes que cantaban todas las melodías populares del día. Berta caminó arriba y abajo, disfrutando inmensamente, y pensó: «Si no fuera tan extraordinariamente buena no me habrían permitido venir a este maravilloso parque y disfrutar de todo lo que hay en él para ver», y sus tres medallas chocaban unas contra las otras al caminar y la ayudaban a recordar lo buenísima que era realmente. Justo en aquel momento, iba merodeando por allí un enorme lobo para ver si podía atrapar algún cerdito gordo para su cena.
-¿De qué color era? -preguntaron los niños, con un inmediato aumento de interés.
-Era completamente del color del barro, con una lengua negra y unos ojos de un gris pálido que brillaban con inexplicable ferocidad. Lo primero que vio en el parque fue a Berta; su delantal estaba tan inmaculadamente blanco y limpio que podía ser visto desde una gran distancia. Berta vio al lobo, vio que se dirigía hacia ella y empezó a desear que nunca le hubieran permitido entrar en el parque. Corrió todo lo que pudo y el lobo la siguió dando enormes saltos y brincos. Ella consiguió llegar a unos matorrales de mirto y se escondió en uno de los arbustos más espesos. El lobo se acercó olfateando entre las ramas, su negra lengua le colgaba de la boca y sus ojos gris pálido brillaban de rabia. Berta estaba terriblemente asustada y pensó: «Si no hubiera sido tan extraordinariamente buena ahora estaría segura en la ciudad». Sin embargo, el olor del mirto era tan fuerte que el lobo no pudo olfatear dónde estaba escondida Berta, y los arbustos eran tan espesos que podría haber estado buscándola entre ellos durante mucho rato, sin verla, así que pensó que era mejor salir de allí y cazar un cerdito. Berta temblaba tanto al tener al lobo merodeando y olfateando tan cerca de ella que la medalla de obediencia chocaba contra las de buena conducta y puntualidad. El lobo acababa de irse cuando oyó el sonido que producían las medallas y se detuvo para escuchar; volvieron a sonar en un arbusto que estaba cerca de él. Se lanzó dentro de él, con los ojos gris pálido brillando de ferocidad y triunfo, sacó a Berta de allí y la devoró hasta el último bocado. Todo lo que quedó de ella fueron sus zapatos, algunos pedazos de ropa y las tres medallas de la bondad.
-¿Mató a alguno de los cerditos?
-No, todos escaparon.
-La historia empezó mal -dijo la más pequeña de las niñas-, pero ha tenido un final bonito.
-Es la historia más bonita que he escuchado nunca -dijo la mayor de las niñas, muy decidida.
-Es la única historia bonita que he oído nunca -dijo Cyril.
La tía expresó su desacuerdo.
-¡Una historia de lo menos apropiada para explicar a niños pequeños! Ha socavado el efecto de años de cuidadosa enseñanza.
-De todos modos -dijo el soltero cogiendo sus pertenencias y dispuesto a abandonar el tren-, los he mantenido tranquilos durante diez minutos, mucho más de lo que usted pudo.
«¡Infeliz! -se dijo mientras bajaba al andén de la estación de Templecombe-. ¡Durante los próximos seis meses esos niños la asaltarán en público pidiéndole una historia impropia!»
CUENTO DEL NARRADOR BRITÁNICO SAKI
5 jergas PARA peruanizar un poco
El hablar popular (florear) ósea el usar jerga o mas conocida como jeringa (jerga para la palabra jerga), ya no es una característica solo de unos estratos marginales (el rioba) de la sociedad ahora se a expandido a todos los niveles socioeconómicos, desde el pitucazo high life, hasta el cholo mas motero que haya. Es mas ahora la jeringa brava a evolucionado (ta bravaza), aparecen jergas que ya no podemos explicar de donde rayos salieron, tipo “estar palteado”, no se hasta que punto la palta, una fruta de sabor neutro, tenga que ver con la ira o el desconcierto de alguien. Los peruanos (peruchos) somos campeones (cancheros) en sacar jergas de otras jergas, por ejemplo “chilindrina” que sale de la jerga “chela” que significa cerveza, o incluso recuerdo haber oído alguna vez decir “voy por un Cristiano Ronaldo”, que es un futbolista (pelotero) portugués, pero en jerga significa voy a orinar, a “achicar”, a “cambiarle de agua a las aceitunas”, claro, esta jerga salio de “voy por un Christian Meier”, el apellido de este seudo actor, se asemeja a la palabra “mear”, que es la acción de orinar solo que dicha para los animales, en resumen decir “voy a orinar” y decir “voy por un Cristiano Ronaldo”, fuera del contexto social peruano suena completamente ilógico (una rocaza) e incluso de característica gay (boyo), ya que un hombre que va al baño en busca de un futbolista portugués (grrrr!!) no suena del todo masculino ni viril. La jerga ahora es una característica de habla peruana por excelencia y tradición, y solo se limita levemente a un rango amplio de edad, obviamente no se oye a una anciana diciendo “ya pe hijito chitón-boca que toy jateando”, ni a un clérigo diciendo “toy bien arriola y ninguna monja para bola”. Pero en el reino de las jergas, hemos escogido 5 que destacan por su bravura y complejidad. Los “5para” de hoy son:
1) “Estar en algodón”: que sale de “estar en algo”, que significa que sus características son buenas pero no excelentes, otros términos: “estar en alquitrán”, “estar maso”, etc.
2) “Estar arriola”: ósea tener una considerable hambre sexual producto de una insana abstinencia, otros término: “estar arrecho”, “estar en falta”, etc.
3) “tener Cayetano Heredia”: que sale de la expresión “tener calle”, todo esto significa ser sabido, “tener mundo” (en jerga del abuelo), saber mucho sobre todo de las mañas de ola calle y de la vida pública, otro términos: “tener esquina”, “manejar calle”, “ser pendeivis”, etc.
4) “Sacar la vuelta”: que significa engañar a la pareja, que es muy diferente de “dar vuelta” que es matar, o que te digan “saca la vuelta” que significa “lárgate”, “safa” o el mas peruano “fuiiira”, otros términos: “poner cachos”, “trampear”, etc.
Y por último...
5) La palabra de la cual hemos contado más jergas o “acepciones populares” (suena hasta poético), es la existente palabra “homosexual”, o individuo que gusta y siente atracción por los de su mismo sexo, claro que en Perú la usamos para todo, y es una forma de referirte a tus amigos en contextos adecuados (ósea cogerlo de boyo de la pura hueva), la “acepciones populares” son: boyo, marica, maricuete, mariposon, marisco, mariscal, brito, británico, chimbombo, voltarén, cabro, broca, brócoli, chivo, rosquete, rosca, taparosca, ronquilla, mostacero, volteado, invertido, gatorade, chavón, chicochica, mujercito, etc., etc., etc.
La “jeringa perucha tiene pa´ rato” y sus características son únicas, esto al margen de que sea motivo de orgullo o de una falta total de cultura, la jerga da risa, bueno un español lloraría de ver como “pateamos su idioma”.
Una de vaqueros
Me levanto. Bostezo. Camino hacia el refrigerador. Abro la nevera. Cojo el vaso de yogur que me espera todas las mañanas. Estornudo. Regreso a mi habitación. Enciendo el ordenador. Leo lo último que escribí anoche. Me parece una mierda. Abro el Messenger. Descubro que cada día tengo menos amigos. Sonrío. Veo en línea a Charlín, mi primo de quince años que a esta hora debería estar en el colegio.
- Hola, vaquero –le digo.
- Habla, pajero –me responde.
- ¿No deberías estar en el cole? –le pregunto.
- ¿No deberías estar en la universidad?
- Lo mismo me dice mamá, pero ya sabes, me quité.
- ¡Qué envidia! Si yo pudiera hacer lo mismo con el cole.
- Lo haces a diario… ¡Conchudo!
- Bueno. Es que estoy confundido.
- ¿Qué pasa?
- No entiendo. Mis viejos me mandan al cole para que me enseñen “valores” y en el cole me dicen que debo aprenderlos en la casa. ¿Total?
- No hay peor pendejada que buscarle algún sentido al cole. Yo gasté once años de mi vida en ese plan, y aún sigo, como Condorito, exigiendo una explicación.
- ¿Gastaste? Gastaron tus viejos, dirás.
- No. Tampoco. Digamos que le metí la yuca al Estado. ¡Qué vivan los colegios nacionales!
- ¡El Estado debería demandarte!
- Ya lo hizo.
- ¿Ah?
- Oye, ¿y de qué curso te escapaste, Charlín?
- De Historia.
- Ay, Historia. ¡Ese curso es un verdadero fraude! Durante todo el año te hacen aprender de memoria la biografía de “héroes” como Miguel Grau, Alfonso Ugarte, Francisco Bolognesi, Abelardo Quiñónez y un largo etcétera. ¿Y tanto para qué? Para después enterarnos que los compadres se murieron por las huevas, porque a las finales siempre perdimos todas las batallas, todas las guerras. ¡Malditos losers!
- Ah, y no te olvides de los Incas.
- Uyy. Claro. Los que nos legaron Machu Picchu para que varios siglos después fuera descubierto por un estadounidense. ¡Jo! Esto es a lo que yo llamo “el orgullo de ser peruano”.
- Veo que tú sí entrabas a clases de historia.
- No. Yo también me escapaba del cole y me asilaba más bien en la hedionda biblioteca municipal, que de todos modos era menos hedionda que mi “prestigioso” colegio nacional.
- ¿No habían cabinas de Internet?
- Sí, pero por fortuna en ese tiempo no estaban al alcance del diminuto bolsillo de un colegial.
- ¿Por fortuna?
- Sí. ¿Te imaginas con cuánto idiota hubiera perdido mi tiempo hablando por messenger o jugando en red?
- ¿Jugamos?
- No. Para perder mi tiempo ya tengo suficiente con pensar a qué nueva universidad iré.
- ¿Persistes?
- Sí. Todas las personas con canas que conozco me dicen que reconsidere la idea, que vuelva a la universidad, que no seré nadie sin título universitario. Y bien reza el adagio que “las canas son sinónimo de sabiduría”.
- ¡Que se tiñan el pelo y que no jodan! Los títulos universitarios dicen sólo dos cosas: que tuviste el dinero suficiente para conseguirlos, y que fuiste lo suficientemente imbécil para pasarte cinco años trasnochando y aguantando a una sarta de animales con saco y corbata que se hacen llamar “catedráticos”.
- Dices cosas muy inteligentes para tener quince años y para ser mi primo, pero vuelve al colegio, ¡huevón!
- Y tú a la universidad.
- ¡Jo! Mejor has como mi madre y rézale a San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles.
- El colegio y la universidad son una locura, ¿no?
- Qué te diré, Charlín... La única diferencia entre los colegios, la universidad y los manicomios consiste en que en los dos primeros sí pagas por entrar.
- Bueno, ya me cansé de perder el tiempo, voy a seguir jugando.
- Vale. Yo voy a escribir algo para el Blog.
- ¿No escribirás sobre esta conversación, verdad? No quiero imaginar qué pasaría si mis viejos llegan a leer esta huevada.
- Claro que no. Descuida.
Brújula dormida
Se derrumbaron los castillos de seda
Donde el dragón era sólo un cuadro oblicuo
Cubierto con abandono en el fondo de la sala
Ahora el dragón agita su áspera cola
Su brasa se vuelve oxígeno de mi cuerpo
Y mi cuerpo oxígeno del dolor
Huelo la tarde descompuesta
Que brama en el jardín
Converso con los labios robustos que se abren en el limo
Vocalizando una tóxica dulzura
Y pequeños cipreses derruidos como niños calcinados
Que la inercia descascara de sus rancios vagidos de victoria
Jamás leída jamás lograda
Contra la oblonga llamarada del dragón
Los prefiero
Su silencio es menos obsceno que la verdad
Menos tullido que la duda
Yo les hablo
Con agonía de delfín en el río
De mujer ante los pies morados de su hijo muerto
De Nietzsche ante los ojos vaciados del mundo
Mientras el dragón -pródigo de arrecifes-
De soslayo me vigila
Yo converso amistosamente
Con el espasmo que explota y vuelve a nacer en mi corazón
Hasta con el último hongo de la náusea
Mientras él engulle sin mesura
Mares ciudades
Soleadas plazuelas del tiempo
Puentes hacia la fantasmal sabiduría
Ficciones de un lenguaje mejor hablado
Desde los labios de la emancipación
Dudando si soy
Tan sólo un fantasma
O el trino del amor que aún no se fermenta
Así
Cuando el flamígero colmillo del dragón asoma
Y su abdomen saciado de terror se ahueca aún insatisfecho
Y tan entusiasmado tropieza con mi hedor
Que cree que le brotará fuego helado por las fauces
O las trasquiladas cabezas de todos los veranos
Cuando la luz me sonríe mostrándome
Su dentadura rota
Como si detrás del halo de un amor
Se ocultara un foso
Así
Cuando todo
Todo
Hasta la tersura de mamá en el rubor del escaramujo
Se subvierte
Yo converso con lo que no tiene color
Aroma
Destino
Ni un nombre por el cual llamarlo
Sopa de Letras
Oscar, al ver que no pudo aprobar el examen de literatura, tomó al pie de letra las sabias palabras de Gonzalo.
Perros Héroes de Mario Bellatín

Un ambiente extraño pero a la vez, tremendamente compacto y definido. Aunque me sea desconocido, podría definirlo a la perfección gracias a un pequeño registro fotográfico y a una novela de apenas 74 páginas.
Gracias a una recomendación de mi amiga Oralia, a ‘Perros Héroes’ de Mario Bellatin le tenía ganas desde hace más de un año. “Trata de un Hombre Inmóvil que tiene 40 perros, léelo, conociendo tus gustos, te va a gustar”, me dijo. Tiempo después me topé con el libro en una librería y su subtitulo me intrigó aun más: Tratado sobre el futuro de América Latina, visto a través de un hombre inmóvil y sus treinta Pastor Belga Malinois. En aquella ocasión no lo compré, pasando a formar parte de mi ya interminable lista de libros pendientes que creo nunca leeré.
Sin embargo, no pude resistirme y terminé adquiriendo el libro en el remate “Salva un libro” que varias casas editoriales realizaron hace un par de semanas en el Auditorio Nacional. A penas lo vi en un estante no me lo pensé dos veces. Dicen que los libros que se leen lo escogen a uno, y en el caso de ‘Peros Héroes’ así fue. Pensaba encontrar una historia mal planteada sólo como el pretexto para hablar de la situación del continente americano. No podía estar más equivocado, apenas me bastó leer un par de hojas en el metro para darme cuenta que la narración de Bellatin (por fortuna) nada tenía que ver con mi idea inicial de la historia.
De haberlo deseado, podría haberlo leído en menos de una hora, pero mi pudor que me hace degustar los buenos relatos a velocidades ridículamente tortuguiles me hizo tardarme días enteros. Suficientes para que ante mis ojos se describiera un microuniverso: inmenso como un continente, compacto como una casa. Sencillo pero a la vez lleno de significados que van más allá de la lógica común y que nos ofrece una complejidad psíquica en cada uno de los personajes que uno más añora entre más los desconoce. Y es que a ‘Perros Héroes’ se le puede atajar desde diferentes frentes; si para algunos la historia planteada simple y sencillamente es original y entrañable, para otros se trata de un planteamiento muy astuto e inteligente de un continente que es aun más complejo que un Hombre Inmóvil encargado de criar perros.
Sería ingrato hablar de más y vender la historia de una novela que de verdad recomiendo, pero más ingrato, y en buena medida injusto, sería dejar este texto sin hablar un poco de la parcialidad absoluta que en el relato es ese hombre inmóvil que no termina de sorprender mi entendimiento y que en su infancia conoció a un niño escritor que redactaba historias de perros héroes, o de su madre y su mamá que separan bolsas día y noche, o un halcón que cada tarde caza a un ratón, o el enfermero entrenador y su entrega a una vida destinada a nada, o unos periquitos canadienses, o a 40 perros Pastor Belga Malinois, o un mapa de América Latina o un viaje espacial. O un poquito de todo, o un poquito de nada, que de eso se constituyen los ambientes, y si de algo goza ‘Perros Héroes’ es precisamente de “ambientes”.
Seguramente lo releeré varias veces más. Seguramente buscaré más relatos de Bellatin y los disfrutaré de la misma manera. Me queda claro que es un autor total, preocupado por la estética y expansión de sus relatos, por simplificar relatos en los que caben infinitas posibilidades y que por lo mismo nos parecen propios. Tiempo inmóvil en el que no pasa nada pero que conforma un cuadro viviente y nunca igual.
El perro más feo del mundo
El concurso fue en California. Puede entenderse que el radio de distancia para los concursantes fue totalmente norteamericano. Aquí también debería darse un concurso así. Aquí también hay perros y, a pesar de su apariencia, yo prefiero a los que llaman "desagradables". De todos modos, imagino que aquel perrito tan feo, devastado por el cáncer, debió haber sido en vida un sujeto muy cariñoso y amable, a modo de compensación por su aspecto físico.




